Después de un despertar de consciencia que anhelaba desde niña, Virginia Aedo se comprometió aún más con la naturaleza. Fundó Amapaisajismo, una empresa que se enfoca en la sustentabilidad y el respeto por la flora y fauna nativa. También eligió tener un papel activo en la formación, promoción y motivación de áreas de cultivo familiares. Esta es la historia de su misión y de su emprendimiento.

“Yo siempre me sentí un ser de energía libre. Fuera de un sistema que me decía: estudia, trabaja, no veas nunca a tus hijos, compra-compra-compra. Cuando estaba en la universidad abandoné la carrera de Arquitectura porque demandaba mucho tiempo. Y yo no estaba dispuesta a sacrificar mi vida de familia por una carrera. Así fue como elegí estudiar Paisajismo. Me gustaba la estética, estar con mi familia y mi libertad. No le había tomado el peso a lo que había hecho, pero ahora sé que uno toma decisiones porque las tiene pre trazadas. Ahora es mi hábitat”, rememora Virginia Aedo.

Efectivamente estudiar paisajismo fue una oportunidad muy especial. Egresó del Inacap, sede Temuco, donde la carrera se abrió por un período de tiempo muy corto. “Acá en la Novena Región hay muchas paisajistas de Santiago, pero antes no había, éramos muy pocas”. Virginia Aedo y toda su familia son de Lautaro. En 2019 se mudó a las afueras de Villarrica y creó amapaisajismo.

“Aquí me hice más consciente de lo que es el paisaje. Vivir en una ciudad te da una visión muy acortada. Amapaisajismo soy yo, es el resultado de un nacimiento espiritual mío. Antes no tenía mucha conciencia de lo que hacía. Mi trabajo ahora está netamente enfocado en ayudar al equilibrio. En ayudar a encontrar la recuperación. Uno de los servicios que ofrezco es enseñar ecología consciente. Dar charlas sobre nuestra relación con el medio ambiente. Porque paisaje, plantas, animales y nosotros, todos somos lo mismo, eso es literal”.

Las búsquedas de Virginia Aedo

A la paisajista le preocupa que en La Araucanía se vendan terrenos sin mantener algunos espacios vírgenes. Se pregunta ¿cómo, si no hay respeto por lo nativo, se quedarán las aves e insectos de la zona? Ofrece un ejemplo: si venden un lote de cien parcelas ¿por qué no dejar dos de ellas sin construir, como un pequeño bosque intacto? “Eso es lo que le falta al hombre en el fondo, le falta conciencia de equilibrio. Le falta amor por el otro, que no es solamente personas. Sino respeto por los seres de energía como él”.

Desde su infancia, Virginia Aedo sabía que tenía que comprender algo y lo buscaba con ansiedad. “Recuerdo que a los 8 o 9 años me sentaba en el jardín, me miraba las manos y me preguntaba: ¿qué soy? ¿qué somos? Esa pregunta me la hice muchas veces. Hasta que un día las cosas se fueron dando. “Se me fueron apareciendo, visualmente o auditivamente, información sobre el despertar de conciencia. En mi primer acercamiento escuche Isha. Isha Judd es una guía espiritual australiana que vive en Uruguay. Ella habla mucho del amor, que Dios es amor. Al hacer los ejercicios que ella propone tuve una gran lucidez. Sabía lo que tenía que hacer, lo que estaba bien y lo que estaba mal. No me desesperaba por nada”.

Plantar con propósito

Desde entonces defiende una causa firme. Virginia Aedo apuesta por recuperar y devolverle el habitad a las plantas y animales. Apuesta por lo nativo y lo hace no solamente desde lo estético, sino a partir de la sustentabilidad. Amapaisajismo no solo se enfoca en ofrecer estudios de paisaje, diseño de jardines y asesorías, su nuevo propósito es apoyar el cultivo de alimentos.

“El paisajismo se tiene que dirigir sí o sí a la horticultura. El paisajismo tiene que ir de la mano con todo ese conocimiento. Estoy creando una línea de invernaderos que voy a lanzar pronto, porque hay que impulsar a la gente a que cultive. Si tenemos la tierra -que es un regalo- con pocas herramientas y un poquito de conocimiento, podemos cosechar nuestros propios alimentos. Eso no es nada del otro mundo, es solamente volver a lo que éramos antes. Reconocer la tierra como dadora de abundancia”.

En su experiencia Virginia misma tiene en su casa una huerta. Además, frutales (peras, guindas, manzanas, nogal, avellano), setos para división de parcelas, plantas ornamentales que son “invisibles” en otoño e invierno, pero cuya floración es esplendorosa en verano y primavera. “Mi jardín todavía es muy joven, tiene un año. Ahora estoy en tiempo de recolección de estacas, estaquillas y esquejes para la multiplicación de las plantas”.

La bendición del invierno

El invierno no es un tiempo difícil como muchas veces se señala. “Es un tiempo maravilloso donde la tierra se recupera de la pérdida de agua. El suelo se limpia, se purifica”. Es un momento ideal para comenzar un proyecto de cultivo. ¿Qué consejos ofrece Virginia Aedo? “Para cultivar, sea en una parcela o en un balcón, solo se necesita reconocer a la tierra como un organismo vivo. Por lo tanto, como está vivo come, y como come, hay que devolverle todos los desechos orgánicos de la cocina. Hay que compostar. Otra cosa: los cultivos necesitan  mucho sol. Si es un lugar muy sombrío no van a tener mucho éxito”.

¿Y qué sembrar? “Ahora que el cambio climático nos ha favorecido, que en La Araucanía se dan cultivos que antes eran de la zona central, hay mayor diversidad de hortalizas que podemos sembrar. No todo es malo”. Tampoco hay excusa por el espacio. “En un balcón se puede sembrar. Venden mobiliario para cultivar de manera vertical, venden bolsillos de geotextil. Se pueden tener hasta hortalizas en un balcón”.

Quienes aún no sienten el llamado a sembrar, pueden simplemente empezar a sentir la energía de las plantas a su alrededor. “Es fundamental rodearse de plantas porque te hacen sentir mejor, porque te acompañan, porque te limpian”, concluye.

Para enviar información: redaccion@mujerdelsur.com

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