Los fumadores tienen un mayor riesgo de adquirir el coronavirus y también un peor pronóstico en caso de padecerlo. Además, el tabaquismo puede incrementar el nivel de infectados porque el humo exhalado puede contener una carga viral contagiosa.

Ante este panorama resulta importante entender los factores de riesgo que enfrentan quienes tienen el hábito de fumar. Especialmente por la forma como son amenazados sus sistemas respiratorios y cardiovasculares. La aseguradora de salud Cigna analizó cinco de ellos y la forma como el tabaquismo empeora la calidad de vida de las personas.

1.- Las partículas del tabaco lesionan el mecanismo de defensa del aparato respiratorio. Esto hace que las personas fumadoras sean más vulnerables a las infecciones respiratorias. El riesgo de sufrir una enfermedad grave por coronavirus es 1,4 veces mayor en estos casos. Y hay 2,4 veces más de posibilidades de tener que ser ingresados en una Unidad de Cuidados Intensivos (UCI). O de necesitar ventilación mecánica. Este peligro también fue confirmado por la Organización Mundial de la Salud, creadora del Día Mundial Sin Tabaco.

2.- El sedentarismo agrava los problemas cardiovasculares derivados del tabaquismo. Cuantos más factores de riesgo cardiovascular tenga una persona, mayores serán las posibilidades de padecer una enfermedad de este tipo. Según la Fundación del Corazón la nicotina produce daños en la pared interna de las arterias. También aumenta el tono coronario, altera la coagulación, incrementa los niveles de colesterol malo y reduce los del colesterol bueno. Combinar esto con el sedentarismo propio del confinamiento aumenta el riesgo para la salud.

3.- Están más expuestos a un posible contagio. La Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (Separ) publicó que el acto de fumar o usar cigarrillos electrónicos, pipas de agua u otros dispositivos que calientan tabaco, implica llevar de forma repetitiva los dedos a la boca, cara y nariz. Que son las vías más frecuentes de infección por coronavirus.

las personas que fuman tienen una mayor vulnerabilidad ante el covid-19. Además, el tabaquismo pone en riesgo a los no fumadores, porque el humo exhalado podría contener el virus.

4.- Las situaciones de estrés y ansiedad incrementan las ganas de fumar. Muchos habrán creído calmar su nerviosismo, incertidumbre o ansiedad con el tabaco. Sin embargo, esta creencia popular es totalmente falsa. Es cierto que en un primer momento se produce cierto alivio por la reducción instantánea de la sensación de abstinencia. Pero, a medio plazo, se aumenta la tensión del organismo. Tal y como indica la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC), la nicotina es una sustancia estimulante, no relajante.

5.- A todos estos factores hay que añadir el riesgo que supone el tabaco para las personas que no fuman. Pese a todas las precauciones establecidas (distancia de seguridad y uso de mascarillas), el humo del tabaco afecta a los demás. No solo por exponerlos a los agentes tóxicos y cancerígenos propios del tabaco. Sino porque con el humo se expulsan diminutas gotas respiratorias que pueden contener carga viral. La Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR) recomienda no fumar en terrazas y espacios públicos.

¿Adiós al tabaquismo?

Con la llegada del covid-19 muchas personas se han motivado a dar el paso para dejar de fumar. Desde mucho antes la Organización Mundial de la Salud calificó el tabaquismo como una epidemia mundial que amenaza la salud pública. Sus estudios revelaron que el hábito de fumar cobra más de 8 millones de vidas al año. De las cuales 1,2 millones son personas expuestas al humo ajeno. Sin embargo, hay buenas perspectivas. El número de adictos al tabaco ha disminuido a nivel mundial en la última década, en 60 millones de personas.

“El contexto actual demuestra los efectos devastadores que puede llegar a tener el tabaco. Deja a las personas que fuman en una posición de doble vulnerabilidad frente a los no fumadores. También supone un desafío adicional para aquellas personas que quieren dejar de fumar. Hacerlo en un contexto de estrés puede resultar particularmente complicado. Sin embargo, hay salida. Hoy en día, disponemos de infinidad de recursos para superar la adicción. Desde apoyo psicológico de profesionales hasta tratamientos farmacológicos científicamente probados”, indica María Sánchez, profesional médico de e-Health Medical Manager en Cigna España.

Los beneficios de dejar de fumar comienzan a percibirse a partir de las primeras horas y días de abstinencia. Se normaliza la presión arterial y el pulso. Disminuye el monóxido de carbono en la sangre. Se recuperan los sentidos del olfato y gusto. Y mejora la circulación y otras. Luego de unos años, también se reducirá el peligro de padecer una enfermedad cardiovascular o algunos tipos de cáncer.

Para envío de información: redaccion@mujerdelsur.cl

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