Cuando la voz se enferma a causa del uso y directa ejecución de la actividad profesional, esta será considerada una enfermedad laboral o Disfonía Ocupacional. Los profesionales de la voz, particularmente Profesoras y Profesores, están constantemente expuestos a agentes de riesgo vocal laboral generadores de trauma mecánico.

Tres de cada cuatro docentes han sufrido algún trastorno vocal a causa del abuso de la voz en el desempeño de clases. El uso de mascarilla en salas bajo la modalidad de educación híbrida y un alto número de horas de conexión online, implican un sobre esfuerzo que afecta la voz de los profesores.

Las circunstancias actuales de clases virtuales e híbridas asumidas durante la pandemia, han perjudicado la calidad y salud de la voz de los profesores. Y no son pocos, de acuerdo con cifras publicadas por el Ministerio de Educación, existen cerca de 350 mil profesores dedicados a la Educación de Párvulos, Educación Básica y Media en Chile. El pasado 16 de abril se celebró el Día Mundial de la Voz, una fecha que invita a un interesante debate acerca de la salud vocal en los educadores.

Felipe Cerda Sandoval, Magister en Fonoaudiología y académico de la Carrera de Fonoaudiología UC, se pronuncia sobre el tema. “Tres de cada cuatro profesores han sufrido un trastorno vocal a causa de su uso en el desempeño de clases, y esa cifra representa un 30% más que en el año 2004. Estos antecedentes nos obligan a plantearnos grandes y nuevos desafíos, tanto a los profesionales fonoaudiólogos especialistas en el área de la rehabilitación y prevención de los trastornos de la voz, como también a las diferentes instituciones gubernamentales y no gubernamentales relacionadas con las seguridad y salud en el trabajo, y en particular relacionados con el Magisterio”, indica.

Proyectar la voz en pandemia

Hoy hemos visto la importancia de la voz de los profesores en un contexto adverso mundialmente. La educación rápidamente giró hacia lo online y en los establecimientos que han abierto se establecen protocolos de distanciamiento físico. Pese a la crisis sanitaria la voz no se ha ahogado. Sigue siendo el principal pilar para mantener vivo el contacto y la comunicación. Incluso es fundamental para otras profesiones y oficios que se han transformado a una modalidad telemática.

La ronquera, carraspeo, aspereza; cambios del tono de la voz; dolor agudo asociado al uso vocal; y cambios en la habilidad para hablar son algunos síntomas que pueden alertar a los docentes que algo anda mal.

Para el especialista, las estructuras corporales productoras de la voz -llamados pliegues vocales-, requieren de complejos procesos neurológicos, cognitivos, físicos y biomecánicos para generar un sonido, que al vibrar se golpean aproximadamente 250 veces por segundo promedio en una mujer y 140 veces en un hombre. “Lamentablemente no están exentas de dañarse y enfermarse, al contrario son altamente susceptibles a ello. Ante esto, consideramos a la disfonía como la pérdida parcial de las características vocales y la afonía cuando son afectadas de manera absoluta”, explica Felipe Cerda.

Si bien los trastornos de la voz son multifactoriales o multietiológicos, una de las causas más frecuentes de la disfonía es el trauma mecánico por alta repetitividad o intensidad de las colisiones al vibrar, generando alteraciones tanto estructurales como funcionales sobre los pliegues vocales, provocando estragos sobre la calidad acústica de la voz, afectando a su audibilidad y a la comprensión del mensaje entregado a nuestros interlocutores.

La voz de los profesores

“Cuando la voz se enferma a causa del uso y directa ejecución de la actividad profesional, esta será considerada una enfermedad  laboral o Disfonía Ocupacional. Los profesionales de la voz, particularmente Profesoras y Profesores, están constantemente expuestos a agentes de riesgo vocal laboral generadores de trauma mecánico, enfermando sus pliegues  vocales e impidiendo que puedan realizar con normalidad sus clases junto a sus estudiantes. Por lo tanto, son el grupo de profesionales de la voz mayormente vulnerables a sufrir esta enfermedad ocupacional”, sostiene el fonoaudiólogo.

Durante los últimos años se han observado grandes avances en relación a políticas públicas. Dentro de ellas la incorporación y normalización procedimental impulsada por la Superintendencia de Seguridad Social del Gobierno de Chile (SUSESO) a través de Guías de orientación para el manejo de la Disfonía Ocupacional en Chile. También se incorpora la labor fonoaudiológica e impulsa la investigación científica para la creación de herramientas preventivas y de vigilancia epidemiológica de esta enfermedad ocupacional.

A pesar de estos importantes logros, el académico UC añade que la fonoaudiología como disciplina, tiene la tarea de generar nuevos conocimientos, aumentar su participación junto a diversas instituciones relacionadas con la seguridad y salud en el trabajo, contribuir en la creación de programas, políticas públicas y procedimientos para el control y diagnóstico precoz de la disfonía, así como aportar en la conservación de la salud vocal de esta herramienta de trabajo, incluso en tiempos de pandemia, donde nuevas condiciones traerán consigo otros riesgos para la voz.

Para enviar información: redaccion@mujerdelsur.cl

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