No es un asunto de estética. Comerse las uñas como hábito está considerado como una alteración de la conducta que puede responder a un fenómeno imitativo de algún miembro de la familia o estar relacionado con algún grado de ansiedad o una forma de expresar algo en particular, por ejemplo, que el niño se siente solo o carente de afecto.

Desgaste dental y problemas de maloclusión son dos grandes consecuencias de morderse las uñas. Se estima que el 45% de los adolescentes practica la onicofagia, un hábito perjudicial para la salud bucodental. «Comerse las uñas genera problemas graves en los dedos, la boca e incluso el sistema digestivo», alertan los especialistas.

La onicofagia como el hábito de morderse las uñas de las manos, una práctica bastante común en niños mayores de 3 años y adolescentes, que puede evolucionar hasta convertirse en una costumbre arraigada. Incluso durante la primaria, el 58,4% de los niños se muerde las uñas de 1 a 2 veces al día, con una frecuencia de 97 mordidas cada vez, de acuerdo a un estudio de la BMC Research Notes.

Pero, morderse las uñas está lejos de ser un acto inofensivo. Este ‘vicio’ sin aparente importancia acarrea perjuicios que van más allá de lo estético y poco protocolar. «Una de las principales consecuencias que genera comerte las uñas es el desgaste de las piezas dentales», aseguran los especialistas de la Clínica Dental Urbina. Las uñas y los dientes solo son el comienzo. «En ocasiones también muerden las cutículas y la piel causando heridas», advierten. Y esta mala costumbre puede prevalecer hasta la adultez.

La Asociación Americana Psiquiátrica categoriza la onicofagia en su lista de trastornos obsesivo-compulsivos.

Morder y su alto precio

Morderse las uñas genera problemas graves en los dedos, la boca e incluso en el sistema digestivo. También afecta la estética de las manos, ya que si el hábito se conserva por mucho tiempo las uñas dejan de crecer y los dedos se ensanchan. De acuerdo con los datos recogidos por PubMed del Centro Nacional para la Información Biotecnológica (NCBI), al menos el 33% de las personas adopta este hábito durante la primera infancia. Y en la adolescente muestra una prevalencia del 45%, continuando en muchos casos hasta la adultez, según la mencionada publicación.

La mordida regular de la queratina de las uñas perjudica la integridad de los incisivos superiores e inferiores. «Al morder constantemente un elemento duro como las uñas y chocar entre ellos los dientes se astillan. A su vez el esmalte se debilita progresivamente, lo que genera sensibilidad dental y los hace propensos a caries y fracturas», explican los profesionales de la salud dental.

La onicofagia también es causante de la desalineación dental o maloclusión. Su origen radica en la llamada ‘mordida borde a borde’, que «consiste en que los bordes incisales de los dientes anteriores superiores hacen contacto con los bordes de los dientes anteriores inferiores».

Con el paso del tiempo y la persistencia del mal hábito de morderse las uñas, las personas con restauraciones de resina o composite sufren el deterioro de sus piezas dentales. Además, aumentan el riesgo de padecer infecciones bucales, halitosis y problemas gastrointestinales.

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