Se interrumpió la ida al colegio, pero no la actividad escolar. Clases virtuales, reuniones online, apps institucionales y mejoras en las plataformas están en la nueva agenda. Los desafíos de la comunicación organizacional en las instituciones educativas se multiplicaron. Esta nueva dinámica de las escuelas en pandemia que tanto abruma, en realidad era una tarea pendiente. La mercadóloga con 20 años en el sector educativo, Lisbeth Hernández, analiza este proceso de cambio y anima a reconocer las falencias.

“A pesar de que la educación es el servicio más básico fue el último y al que más le costó modernizar sus modos de comunicación”, dice de entrada Lisbeth Hernández Maestre. El Covid-19 impactó en los sistemas educativos y aceleró un proceso de actualización de modos de comunicación que encontraba resistencia. La imagen de las escuelas en pandemia es cuestionada. Los docentes son cuestionados, también la calidad de la educación e, incluso, el pago de las matrículas.

“Al sector le hace falta crecer. Los padres desconocen muchos procesos comunicacionales y tienen la necesidad de conocer todo lo que pasa dentro de la institución. Pero la información que manejan las instituciones muchas veces no es 100% abierta. No puede serlo porque los procesos de transformación digital han sido lentos. Por eso es importante que comuniquen que están en ese proceso para que los padres tengan una comunicación más asertiva con la institución. Desde lo constructivo toda la comunidad se verá beneficiada”.

La nueva comunicación

Lisbeth Hernández comenzó su experiencia en el sector educativo como docente. Durante 10 años fue maestra de educación básica y después cambió su norte. Los seis años siguientes se desenvolvió en la parte administrativa de instituciones privadas. Una necesidad de mejorar sus habilidades y conseguir mejores resultados la llevaron a estudiar Mercadeo y Publicidad. Tras cuatro años enfocada en la comunicación organizacional de instituciones educativas en Colombia, la asesora, nacida en Barranquilla, es hoy una experta en el tema.

“Inicialmente trabajé en iniciar estrategias que ayudaran a posicionar las instituciones o a ser un referente dentro de la comunidad. Aquí en Colombia ha habido un fenómeno de cierres considerables de instituciones y eso hace que las que permanecen les cueste mantenerse abiertas. La proyección institucional se hizo necesaria y se implementaron cargos nuevos para los responsables de estrategias de mercadeo y comunicación. Pero los avances se hicieron de manera muy lenta en relación con otras organizaciones”.

“Ocurre un fenómeno. Al principio de la pandemia muchos padres se quejaron de que la educación online no representaba la misma calidad y no se sentían satisfechos para pagar la matrícula. Eso llevó a una mora muy alta en algunos colegios. También hubo deserción, a muchos niños los han sacado de las instituciones educativas. Ahora lo paradójico es que cuando se anuncia el retorno al aula también hay un rechazo. Los padres sienten que no hay garantías en muchos procesos”.

La especialista destaca la desconfianza del sector educativo en las redes sociales. “Inicialmente las instituciones no se acogieron a este tipo de propuestas porque lo consideraron un lenguaje muy informal. Desde la directiva y los docentes se observaban como plataformas juveniles con contenido superfluo, que incluso generaba dificultades en la convivencia. Las últimas cuatro instituciones donde trabajé empezaron a darle importancia a las redes sociales cuando aparecieron las primeras crisis de los estudiantes con el manejo del bullying, el ciber acoso y otros delitos”.

Así rememora el desarrollo de las acciones comunicaciones. “No fue sino hasta 2015 cuando se comenzó a notar el interés por comunicar a través de las redes aspectos de la vida académica, noticias, concursos, actividades de exalumnos. Los padres lo demandaban, los docentes lo hacían por sus redes personales y las instituciones tuvieron que crear criterios y políticas formales. También se implementaron los correos masivos institucionales como parte de la estrategia de comunicación”.

“En 2018 y 2019 las instituciones ya tenían clara la necesidad y se incrementó el interés por invertir. Dentro de los presupuestos se incluían pautas programadas, ya no se apostaba por un crecimiento orgánico. Se establecían cronogramas de contenido. Ahora en el año 2020 el proyecto se dirige a digitalizar más procesos y continuar con la creación de contenido sistemático para las redes sociales. La red de las instituciones se moderniza. Hay portales cada vez más amigables, con plataformas de pago e interacción de toda la comunidad”.

El estudiante y la nueva comunicación

Lisbeth Hernández observa que se incrementó el esfuerzo de las instituciones educativas para enfocarse en los padres. Y lamenta que muchas veces esto desplace el foco de interés por los estudiantes. “No todos tienen el conocimiento ni las herramientas para apoyar a sus hijos en la parte pedagógica en casa y ha habido muchas quejas del proceso online. Esto desfavorece la dinámica habitual de las instituciones, que es esforzarse en que los estudiantes se sientan satisfechos. Ahora se está notando que la satisfacción está orientada en estos momentos más al padre de familia”.

Las escuelas en pandemia deben esforzarse con mayor ahínco en los estudiantes. Porque ellos quieren y necesitan mucho más que una experiencia académica, y está dentro de su responsabilidad otorgarlo. “Para los niños ha sido difícil (la educación virtual). Porque el propósito, lo que le hace feliz de ir al colegio, más que aprender es el tema del relacionamiento con sus pares. Los menores de 8 años no tienen interés real por las clases en línea, tuercen la cara, se quedan dormidos. Los jóvenes de bachillerato sí tienen una motivación, pero hay agotamiento. Los más grandes, los que se van a graduar, tienen una carga académica muy alta que les está generando estrés. Ellos pasan muchas horas sentados en el computador”.

Acciones de las escuelas en pandemia

El mayor desafío del periodismo organizacional para reforzar la imagen de las instituciones educativas está en el rostro más visible. “El elemento fundamental sigue siendo el docente dentro del aula. Él es un protagonista importante dentro del proceso comunicacional y lo será a futuro. El reto principal está en capacitar a los docentes. Eso va desde el manejo adecuado de las redes sociales y la creación de contenido hasta el conocimiento de herramientas virtuales, uso de plataformas y manejo del tiempo”.

Este último ítem es fundamental. “El punto en común de los docentes desde el principio de la pandemia es que el trabajo virtual les ha aumentado el volumen de trabajo y ha limitado su vida personal. Es tal el agotamiento que prefieren las clases presenciales. Esto ocurre porque no hay un buen manejo del tiempo. Por un lado, muchas instituciones quieren estar conectadas mandando directrices y llamando a reuniones, dentro de un espacio que es el hogar de la persona. Por otra, muchos padres quieren comunicarse a toda hora con el docente, dejaron de existir los límites de una sede física. Eso genera una cadena de estrés”.

Para concluir Lisbeth Hernández resalta la necesidad de participar como comunidad integral en las comunicaciones. “Hay mucha culpabilidad hacia los docentes y ellos ni siquiera son responsables de las estrategias que determina la institución. El docente está en el centro del proceso. Es quien atiende a los estudiantes y a sus padres, y es quien puede comunicar a la institución lo que está pasado”.

Lisbeth Hernández Maestre es asesora de marketing y comunicación para las instituciones educativas. Puede conocer más sobre su trabajo en su feed de Linkedin.

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