“No existen medicamentos efectivos aprobados específicamente para esta enfermedad. No obstante, es posible detener su progresión a daño hepático grave, mediante un cambio en el estilo de vida centrado en la actividad física y una correcta alimentación”. Dr. Juan Pablo Arab.

El hígado graso no alcohólico es una de las principales causas de la cirrosis y del trasplante de hígado. Estudios indican que hasta un 30% de la población tiene esta condición, de la cual un 90% serían personas obesas. Estas alarmantes cifras preocupan a la Asociación Chilena de Hepatología (ACHHEP), filial de la Sociedad Chilena de Gastroenterología (SChGE), que esta semana hizo un llamado a tomar conciencia.

El aumento en la prevalencia del hígado graso ocurre en forma paralela al aumento de la obesidad y la diabetes. En relación ha esto, la doctora Leyla Nazal, presidenta de la ACHHEP, hizo referencia a los datos entregados en la Encuesta Nacional de Salud (2016 y 2017), que son realmente preocupantes. El estudio reveló que un 74% de los chilenos presentaban sobrepeso y un 12% de los adultos mayores tenía diabetes mellitus 2. “En estas cifras ha influido especialmente el estilo de vida que tenemos en nuestro país en los tiempos actuales. Especialmente el mayor sedentarismo y los cambios en los hábitos de alimentación”, explicó.

Cada 12 de junio se conmemora el Día Mundial del Hígado Graso. Este año la Asociación Chilena de Hepatología (ACHHEP) hizo un llamado a crear conciencia sobre los riesgos asociados a su padecimiento.

Consecuencias a futuro

Según estudios a nivel mundial y también realizados en Chile, se estima que un 25-30% de la población tendría hígado graso. Esto sería aún mayor -entre un 70-90%- entre las personas con obesidad. El doctor Juan Pablo Roblero, hepatólogo y vicepresidente de la ACHHEP, advirtió sobre las consecuencias a futuro. “El gran problema es que alrededor de un 20-30% de las personas que tienen hígado graso, desarrollará a través de los años una forma de enfermedad hepática más avanzada. La esteatohepatitis no alcohólica. Que tiene el riesgo de progresar a cirrosis, cáncer hepático e incluso causar la muerte”.

Riesgo: diagnósticos tardíos

El doctor Juan Pablo Arab, director de la ACHHEP, advirtió que el hígado graso en general no da síntomas evidentes en las fases tempranas de la enfermedad. Y que su diagnóstico se realiza habitualmente por un hallazgo incidental. Como una ecografía abdominal o exámenes de sangre. También señaló que “actualmente no existen medicamentos efectivos aprobados específicamente para esta enfermedad. No obstante, es posible detener su progresión a daño hepático grave. Esto, mediante un cambio en el estilo de vida centrado en la actividad física y una correcta alimentación”.

La dieta mediterránea es la más recomendada. Se basa en frutas, verduras, legumbres, fibra, aceite de oliva extra virgen y pescado. Además, limita el azúcar, bebidas, alimentos procesados, grasas saturadas y colesterol.

Cómo evitar un hígado graso

Desde el punto de vista nutricional existen tres recomendaciones básicas. Elegir alimentos saludables. Evitar el consumo de azúcares refinados (sacarosa y fructosa refinada) presentes en bebidas artificiales y pastelería. Y evitar el consumo en exceso de grasas saturadas (carnes rojas, cecinas, alimentos fritos y mantequilla).

Los especialistas de la hepatología recomiendan cuidar el tamaño de las porciones de alimentos y evitar el consumo de alcohol. También incluir actividad física de manera frecuente, idealmente en sesiones de 150 a 200 minutos a la semana.

Prevenir siempre es ganar

“Las personas con hígado graso tienen más riesgo de desarrollar otras afecciones. Especialmente trastornos metabólicos como diabetes mellitus y enfermedades cardiovasculares. El doctor Francisco Barrera, hepatólogo y director de la ACHHEP indicó que “las muertes provocadas por problemas cardíacos son una de las principales causas de mortalidad en estos pacientes”.

Finalmente, los especialistas recomiendan que al hacer los controles médicos, los pacientes consulten por la presencia de hígado graso. Especialmente quienes padezcan sobrepeso, obesidad, diabetes, hipertensión arterial, insulinoresistencia, colesterol o triglicéridos elevados.

Fuente: Sociedad Chilena de Gastroenterología (SChGE)

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