“La admiro profundamente”, dice Carolina, una de las nietas de Elena. “La he visto haciendo uniformes escolares, laborales, disfraces, peluches, tarjetería decoupage, pintura en tela, tejidos de lana, alfombras de lana, telar, crochet, bordado en hilo y lana, bordado en cinta, trabajos en cerámica en frío, desde frutas hasta muñecas, muñecas de papel con madera, cojines, cortinas, tapicería, vestidos de gala, muñecas de género, amigurumis, patchwork, corpóreos, ropa en telar, fieltro… y sigue día a día aprendiendo miles de técnicas nuevas”.

Acaba de cumplir 80 años y su curiosidad por las labores manuales sigue tan ávida, como cuando era niña. Elena Navarro Andrade aprendió costura a los 11 años en una escuela vocacional de Corral, el puerto más antiguo del sur de Chile, ubicado en la Región de Los Ríos. De su taller han salido uniformes, peluches, disfraces, cortinas y vestidos de gala. Pero no solo cose: teje, hila, pinta y hasta modela cerámica. Hace 10 años descubrió el fieltro agujado, una técnica con la que ha convertido en una retratista excepcional.

“Conocí el fieltro con una señora de Punta Arenas que vino a dictar unos talleres acá en el museo de Puerto Montt. Yo estaba haciendo un curso de telar y vi que en otra mesa trabajaban con fieltro agujado. Me acerqué a verlo y me encantó. Así es que dejé mi telar y me fui a hacer un pingüino, que era lo que estaban enseñando. De ahí nunca más lo dejé”, cuenta Elena Navarro Andrade, con voz serena y firme.

Antes recibía encargos presenciales, hacía envíos a Santiago y exponía sus piezas en las ferias. Ahora Elena trata de adaptarse a los tiempos digitales y a las circunstancias conducidas por la pandemia. “Yo no soy muy buena para manejar el asunto del celular, tengo una nieta me ayuda, ella sube mi trabajo” explica esta abuela talentosa, casada desde muy joven y madre de seis, con 14 nietos y 8 bisnietos (con dos más en camino). Su perfil @elenacreando exhibe cuadros y esculturas realizadas en fieltro agujado, además de otras creaciones y manualidades.

“Hice un gallo de colores que destila trocitos de lana. Está hecho con distintas técnicas, fieltro y lanas naturales de colores. A veces hago los ojos con lana y otras veces les coloco una perlita. Pero uso muy poquito el agregado de otros materiales, porque si me queda bien el ojo con pura lana lo dejo así”.

Las piezas en fieltro agujado

Entre preciosas figuras de su colección destacan los rostros animados de dos ancianos y sus series de animales: aves, zorros, pudúes, gatos, ovejas… “Siempre trato de hacer cosas nuevas, de ir cambiando. Una vez tenía dos trozos de telar y me dije ¿Qué voy a hacer aquí? Me dieron deseos de hacer un rostro, así que empecé a pensar cómo lo iba a hacer. Y me salieron dos: un hombre y una mujer. Antes hacia gallinas y pollitos, los esculpía en cuerpo completo, con paticas, y los enviaba a Santiago. Los vendía mucho”.

¿Qué significa para Elena trabajar con el fieltro agujado? “Tejí mucho crochet y mucho palillo -explica- hice cosas lindas. Pero ahí se me echaron a perder las manos. Me dolían con el palillo y con el crochet, pero ahora con la aguja del fieltro no, porque no hago movimientos tan reiterativos. Además, le coloco un manguito de madera a la aguja para que así no me moleste”.

“¿El proceso del fieltro agujado? Todo se hace con una aguja especial, se va pinchando la lana, el vellón, el fieltro, y con la pura aguja se le va dando la forma. Se van matizando los colores, es como pintar con acuarela o con pincel. Colocas dos colores de lana, los unes y haces otro tono. También he hecho pintura en lana, son más plantas es como un dibujo en color. Pero me gusta más trabajar con texturas y relieves”.

Lo maravilloso de las manualidades es que aporta dinamismo mental y armonía emocional. Elena Navarro Andrade lo sabe y por eso defiende su gran afecto por el fieltro agujado. “El vellón es más inspiración que nada. Uno toma una imagen y le va dando la forma hasta que queda vivo. Intento hacer que parezcan reales porque así me gustan. Yo pongo la lana escardada, peinada y suavecita sobre la mesa, uso las más gruesa en las bases y las más finas en las terminaciones. Si me falta algún color lo tiño. Y ahí me puedo pasar todo el día trabajando, es muy relajante. Es una terapia”.

“Para trabajar se necesita creatividad más que nada. Cuando quiero hacer algo busco una imagen que me guste y me guio. Voy variando siempre haciendo cosas nuevas. Este oficio ha sido muchas veces mi medio de ingresos”.

Elena: una antigua y neo-tejedora

Para su gran satisfacción, su familia la aplaude y le pide “¡todo!” lo que elabora. “Se fascinan cuando ven los trabajos”, dice con alegría. Sin embargo, es una crítica severa ante la situación de las mujeres artesanas, y tiene una postura firme ante la necesidad de apoyo y protección.

“Puerto Montt está muerto, cuando podemos lo hablamos”, refiere. “Aquí no hay un lugar para las mujeres que trabajamos con artesanía, aparte del Mercado de Angelmó, que no es exclusivo para las personas de la zona. Necesitamos un lugar, un espacio, algo que sea bonito y agradable para el visitante donde uno pueda exponer sus trabajos. Hay tantas mujeres que trabajan con manualidades, con artesanía, pero no tenemos donde exponer. Salvo en verano cuando nos dan un puesto en la feria. Pero este año no habrá puesto”, dice con énfasis, en referencia a la pandemia.

“Desde siempre he hecho muñecas de género de algodón, como de 30 o 40 centímetros. Las hago por hobby porque me gusta, cuando quiero hacer algo me dedico exclusivamente a esto. Pero este año me decidí a hacer bolsitos no más, porque por último si no los vendo serán mis regalos para Navidad”.

Por lo pronto Elena sale muy poco a la calle. Vive con su esposo que también es de la tercera edad y recibe a sus nietos cuando les llevan las compras. “Yo cocino, me encargo de la casa, lo hago todo, no puedo estar sin hacer nada. No puedo sentarme a ver tele si no hago algo con las manos. Si encuentro algo y me dan ganas de hacerlo, lo hago. Ahora quiero hacer animales de distintos tipos y estoy haciendo bolsitos para regalos de la Navidad”, dice optimista. Porque para una verdadera apasionada de los trabajos creativos, no hay tiempos de quietud ni espacio para las distracciones.

Conoce y apoya el precioso trabajo de Elena Navarro Andrade. Ella vive en Puerto Montt y recibe encargos a través de su Instagram @elenacreando y del whatsapp +56982655419

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