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Foto de Úrsula Madariaga en Pexels

Al feminismo todavía hay quienes le temen. Como cada 8 de marzo, las calles pronto serán tomadas por marchas en todo el mundo. La sociedad parece seguir con expectativa hasta dónde pueden avanzar las mujeres en su lucha por la igualdad. Mirarán con expectativas los carteles que piden, reclaman, exigen y, lo mejor, unen.

Uno de los momentos más importantes para el feminismo fue durante la Revolución Francesa. Tras la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, aprobada 1789, surgió un documento inesperado. Incluso para un pueblo tan ansioso de libertad e igualdad. Se trató del manifiesto hecho por la escritora Olympe de Gouges.

Leer hoy en día su Declaración de derechos de la mujer y la ciudadana (1791), compuesto por diecisiete artículos, no escandalizaría. Pero fueron ideas improcedentes, provenientes de una mujer que pocos años después subiría al patíbulo por ser abiertamente girondina.

Lo que proclamó, entre otras cosas, fue que la mujer “nace libre y permanece igual al hombre en derechos”. También fue activista política. Planteó el divorcio, propuso un concubinato legal renovable por contrato anual. Y luchó para que los nacidos fuera del matrimonio tuvieran el reconocimiento paterno.

Sufragio: bandera del feminismo

El feminismo apuntó otro hito cuando Kate Sheppard logró que el movimiento sufragista que lideraba ganara el derecho a votar. Lo hizo ante el Parlamento de Nueva Zelanda en 1893, tras reunir más de 32 mil firmas. Con ello, llevó a su país a encabezar la lista de naciones que en adelante permitieron el voto femenino.

Sheppard realizó otras acciones como activista. Participó en los movimientos que pedían la ley seca, pues consideraba que el alcohol estaba vinculado con la violencia intrafamiliar. También hizo campañas para conseguir el derecho a solicitar el divorcio. E incluso trabajó en acciones para que el mundo de la moda depusiera el corset.

Aunque la de Sheppard fue la primera victoria en el campo del sufragio, otras mujeres luchaban en simultáneo, e incluso desde antes por el derecho al voto. En Nueva York Susan Anthony y Elizabeth Cady Stanton crearon en 1869 la Asociación Nacional para el Sufragio de las Mujeres. Y, en paralelo, Lucy Stone fundó Asociación Americana para el Sufragio de las Mujeres.

En 1982 Susan Anthony fue apresada por votar ilegalmente. Aun así, continuó su llamado a la unión de las mujeres en torno a su womanhood o condición de ser mujer. En 1925, se le habían unido 36 millones de mujeres provenientes de diferentes asociaciones feministas del mundo.

Lucha ante el acoso y malos salarios

Aunque la fecha es cuestionada por algunos historiadores, el 8 de marzo de 1908 simboliza el día en que el castigo por la defensa de los derechos de la mujer se hizo colectiva. En un contexto de protestas masivas, murieron en su sitio de trabajo 126 trabajadoras textiles. No pudieron salir de la fábrica de algodón durante un incendio cuyo origen no resulta claro.

Ese año 15 mil mujeres manifestaron en Nueva York bajo el eslogan “Pan y Rosas”. Sus reclamos eran principalmente relacionados con mejoras laborales. La más importante era exigir jornadas menores de 12 horas. Pero, además, recibir sueldos más justos y poner el fin al acoso sexual laboral y al trabajo infantil.

El largo camino por recorrer

Gracias a las luchas en solitario, las mujeres pasaron a formar tribus extraordinariamente fuertes. A mediados de siglo XX los reclamos ya eran recibidos con más atención y aceptación. En 1948 la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas reconoció la igualdad de género en todos los ámbitos. Hizo esto a partir de la aprobación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Aunque este importante documento establece la igualdad de derechos sin distinción de etnia, sistema de creencias, edad, clase social, etc. en la práctica aún no se aplica. En todos los países la lucha por la legalización de derechos sigue en pie. Ardiente y en memoria de muchas que ya no están.

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