Además de ser el fruto seco con menos contenido en grasa, permite preparar infinidad de platos dulces y salados. Disfruta el fruto de los castaños e incorpóralos al menú, será saludable y sorprendentemente delicioso.

Otoño e invierno invitan a consumir un menú diferente. Esa es una de las ventajas de vivir en los países con estaciones. Y si, como en Chile, hay castaños, tienes un ingrediente estrella para utilizar: ¡las castañas! Son parte de la herencia  que dejaron hace años los migrantes europeos, principalmente entre el valle central y la cordillera de Los Andes. Si vives entre Santiago y Puerto Montt, tal vez tengas el privilegio de encontrarlas con facilidad.

Además de ser una fruta de temporada y producción local, las castañas rompen récords en beneficios nutricionales. Los deportistas adoran incluirlas en su menú por el alto aporte de hidratos de carbono y bajo porcentaje de grasa. Por cada 100 gramos posee solo 2 gramos de grasa, a diferencia de otros frutos secos altamente calóricos. Para comprender mejor: 100 gramos de castañas equivalen a 200 calorías, que se dividen en 150 calorías que aportan los hidratos de carbono y 20 calorías de grasas.

Las castañas poseen calcio, fósforo, potasio, hierro y magnesio. Ricas en vitaminas del grupo B son además de absorción lenta, así que no producen picos de insulina en la sangre. También tienen todos los aminoácidos esenciales, aportan ácidos grasos omega 6 y omega 3 y ofrecen una gran cantidad de fibra.

Las castañas en el menú

Por supuesto que asadas en fuego o tostadas al horno son la gran tradición. Pero no hay que quedarse en lo básico. El periodista especializado en plantas medicinales Jordi Cebrián, recomienda cinco preparaciones que a su vez guían hacia diferentes y exquisitos platos.

Muchas casas del sur de Chile tienen árboles centenarios de castañas y las familias hacen su propia recolección.

Cocidas en agua. Después de pelarlas cocínalas durante 5 o 10 minutos, una vez frías son fácilmente moldeables para utilizar en recetas de postres. Si quieres tener una exquisita base para platos salados, realiza una segunda cocida en agua con plantas aromáticas como menta o hinojo.

Harina de castaña. Requiere pelarlas y deshidratarlas para pulverizarlas. De esta manera son muy nutritivas, pero deben consumirse rápidamente porque tienden a perder el aroma. Usa la harina en repostería para hacer tortas, galletas y bases de pie. También como espesante de salsas y para rebozar.

Puré de castañas. Esta guarnición es deliciosa y difícilmente igualable. Las castañas se pasan por un pasapurés tras ser hervidas y peladas. Durante el hervor se pueden añadir hierbas, saben muy bien con salvia o tomillo.

Castañas confitadas. El plato original proviene de Francia y se hace con castañas tipo marrón, de allí el nombre “marrón glacé”. Un postre costoso, elaborado y exquisito. Para prepararlo las castañas se cuecen primero solas o con un poco de azúcar, se pelan y se vuelven a cocer. Esta vez en un almíbar, se le añade huevo y algunas especias. Para confitar, se les espolvorea azúcar glass una vez que están secas.

Trucos para pelar castañas

Si vas a consumir las castañas horneadas previamente hazles una pequeña incisión. Hornea a 180º hasta que estén blanditas, luego déjalas enfriar y elimina la cáscara con fricción (usa un paño). Es recomendable quitar también la piel amarilla, porque es ligeramente indigesta. Para evitar que se resequen salpícales un poco de agua.

En cambio, si quieres preparar postres o purés, pela las castañas después de hervirlas durante tres minutos. Deben estar aún calientes porque una vez frías resulta una tarea dificultosa. Una vez peladas vuelve a hervirlas en agua limpia durante 15 o 20 minutos. Y estarán listas para ser usadas.

Cómo conservarlas por más tiempo

Las castañas se pueden almacenar y conservar por mucho tiempo. Si no las vas a cocinar de inmediato ponlas a secar lejos del calor del sol y los electrodomésticos. Después guárdalas en la nevera en un envase de vidrio o porcelana, evita los envases y bolsas de plástico. Así se conservan bien entre dos y tres meses.

Si ya están cocidas puedes guardarlas en la nevera envueltas en un paño, durante cuatro o cinco días. En el congelador se mantienen hasta por nueve meses. Nunca las guardes con piel y cuida de que sea en envases herméticos. Al momento de usarlas en una receta es necesario hidratarlas en agua fría por unos minutos.

Para envío de información: redaccion@mujerdelsur.cl

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