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Humberto López vicepresidente en funciones y director de Estrategia y Operaciones del Banco Mundial para América Latina y el Caribe, aseguró que contener la pandemia y mitigar su daño social y económico será el punto de partida para la recuperación de la región.

Para Humberto López vicepresidente en funciones y director de Estrategia y Operaciones del Banco Mundial para América Latina y el Caribe; los impactos de la COVID-19 en América Latina y el Caribe van a ser profundos. El coronavirus afectará la salud de millones de personas en la región y tendrá serias implicaciones sociales, económicas y en políticas públicas.

Informe poco alentador del Banco Mundial

 El informe “La economía en los tiempos del Covid-19”, elaborado por la oficina del economista jefe del Banco Mundial para América Latina y el Caribe, Martin Rama, y hecho público hace unos días, prevé un 2020 calamitoso para la región, con una contracción económica del 4,6%. El FMI es aún más pesimista, y sus proyecciones apuntan a una caída del 5,2%.

Ante ese escenario de recesión López asegura; “La recesión provocada por la parálisis de la actividad y las medidas necesarias de aislamiento social están generando pérdidas masivas de puestos de trabajo. (…) El problema está más relacionado con el precio de las materias primas, que como es bien sabido son de gran importancia para la economía regional. Hay que retrotraerse a enero de 1976 para encontrar precios nominales similares a los que vemos hoy día. Los precios de otras materias primas (soja, cobre, entre otros) también están bajo presión, y esto implica que los países se van a tener que enfrentar a fuertes restricciones financieras por la falta de liquidez”.

Los más pobres y vulnerables en nuestros países son sin duda los que más van a sufrir, y es crucial hacer todo lo posible por mitigar ese impacto.  Recalca López.

Asistencia para atender la pandemia.

 “En el Banco Mundial reconocemos la gravedad de la situación, y somos conscientes del compromiso y la capacidad para apoyar la respuesta sanitaria, la respuesta social, y la respuesta económica.  Así, estamos estructurando nuestro trabajo en fases, enfocándonos en una primera etapa en dar asistencia a las urgencias de la región. Los sistemas de salud en América Latina no estaban preparados para asimilar el golpe de la pandemia. Por ello nos movimos rápidamente”.  Aseguró López.

López expresa además preocupación por la problemática social de la región, dónde la pérdida de plazas de trabajo será fundamental. “En esta nueva etapa, los programas de protección social van a ser más necesarios que nunca y la red de cobertura deberá alcanzar a todos los sectores afectados, en especial los más pobres y vulnerables y los trabajadores informales, fuertemente castigados. Hasta donde sea posible se deberán hacer esfuerzos para preservar los puestos de trabajo. Y los principales sectores productivos necesitarán asistencia estatal en forma de subsidios y diferimientos impositivos. Y toda esa carga recaerá sobre Estados que enfrentan ya situaciones fiscales delicadas y falta de liquidez por la ausencia de crédito y la salida de capitales. Las necesidades van a superar las posibilidades”.

160 mil millones para atender la pandemia.

 En muy poco tiempo se aprobaron programas nuevos, se redireccionaron recursos de proyectos que ya estaban en marcha, y se liberaron fondos de contingencia para catástrofes. Se están volcando unos 700 millones de dólares en 14 países para adquirir respiradores, máscaras, guantes y otros insumos sanitarios críticos.  Y la cifra irá creciendo a medida que prosperen los diálogos abiertos con los distintos gobiernos de la región sobre sus necesidades.

Ese es solo el principio. En los próximos 15 meses, la asistencia del Banco Mundial a los países en desarrollo ascenderá a 160.000 millones de dólares. Gran parte de esos fondos beneficiarán a Latinoamérica, para que los gobiernos puedan lidiar mejor con la emergencia de salud.

Recomendaciones para los gobiernos.

 En la opinión de López; “es crucial, por lo tanto, que los gobiernos adopten ahora mismo las políticas apropiadas. Por ejemplo, que estimulen el comercio internacional y no cierren sus fronteras a bienes y servicios, por más que las personas no puedan por ahora circular libremente. Que además brinden apoyo y capital de trabajo a las empresas pequeñas y medianas, generadoras de millones de empleos; que garanticen la salud del sistema financiero, llamado a cumplir un papel central en la recuperación económica, y que hagan del clima de inversiones su mejor activo para que la inversión privada vuelva en cuanto la emergencia sanitaria lo permita. Todos estos desafíos requerirán cuotas importantes de creatividad y de solidaridad con los que menos tienen”.

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