Hace 14 años comenzó un proyecto que pretendía visibilizar buenas prácticas en contextos complejos como una manera de dar un aliento al sistema escolar. Fundación Chile es parte del grupo de instituciones que anima esta red de escuelas y liceos en el país. Se llama Escuelas Líderes, y lo son porque en contextos de pobreza logran sacar sus comunidades educativas adelante con estrategias de innovación. Actualmente la red reúne 110 escuelas.

La Directora de Aprendizaje para el Futuro en Fundación Chile, Andrea Osorio, analiza cómo fue el primer año de pandemia para la educación chilena. Describe la evolución del rol del docente y la transformación del sistema educativo en medio de la crisis sanitaria. Y presenta un banco online que recoge más de 40 prácticas innovadoras emanadas de los planteles educativos que integran el proyecto Escuelas Libres.

La crisis sanitaria generó una oportunidad para reinventar estrategias educativas. Obligados a repensar prácticas pedagógicas eficaces en tiempos que demandan una educación no presencial, la Red de Escuelas Libres (REL), generó un trabajo colectivo de gran valor. Andrea Osorio, Directora de Aprendizaje para el Futuro en Fundación Chile, relata cómo se desarrolló la creación de un banco online con más de 40 buenas prácticas escolares para abordar el proceso educativo en pandemia. “Mantener el vínculo con los estudiantes fue la primera tarea y la más importante”, indica. “Saber cómo están, cómo está su familia. Luego avanzar en este nuevo modelo pedagógico a distancia”.

El 11 de marzo se realizó el seminario virtual “Nuevas alianzas de colaboración escolar para enfrentar los desafíos de la crisis sanitaria”, donde se realizó el lanzamiento del banco online y se hizo un homenaje al esfuerzo de los profesores y directores que desarrollaron procesos de aprendizaje en este contexto.

Creatividad ante situaciones difíciles

“Fue muy interesante descubrir que uno de los aprendizajes tiene que ver con que tenemos que aprender a distribuir el liderazgo”, relata Andrea Osorio, quien tiene una larga trayectoria de trabajo en innovación educativa. “El sistema escolar es bien jerárquico: el director o directora toma decisiones y el cuerpo acata. Pero producto de la pandemia hubo conversaciones más dialogadas que permitieron avanzar hacia un liderazgo más efectivo en el hacer. Se avanzó en procesos de mayor confianza en los equipos y en la familia porque frente a un tema tan aterrador te unes».

«Una cosa que rescatamos tiene que ver con el liderazgo para la incertidumbre. ¿Cómo conducir equipos si no sabes que va a pasar mañana? ¿Cómo planificas?»

El año pasado muchos estudiantes no tuvieron la posibilidad de continuar su proceso de aprendizaje y eso aumentó la brecha educacional. El Ministerio de Educación planteó trabajar en la nivelación de aprendizajes, ¿Cómo lo resuelven las escuelas? «De diferentes maneras», señala la experta. «Una por ejemplo ha sido proponer proyectos para que niños y niñas desarrollen actividades en casa. El intercambio con los adultos o con pares para indagar sobre algunos temas, saliendo del formato habitual. Actividades donde puedan estar la colaboración y la creatividad”, enumera.

Nuevos roles, nuevos desafíos

Para Andrea Osorio en este contexto los docentes tienen un nuevo rol: el de mediadores. “De facilitar procesos de aprendizaje pasaron a apoyar el desarrollo del pensamiento en los estudiantes y eso implica previamente conocerlos. Hay un concepto que se llama personalización en la educación. Y más que pensar en hacer una clase personalizada se trata de comprender cómo es el grupo con el que trabajan. Qué les interesa, qué los motiva, qué los desafía.

“Nuestra idea es apoyar la sistematización. La parte más compleja es poder escribir todo lo que se hace, identificando los aprendizajes y los puntos clave. Porque lo ideal es que estas prácticas puedan inspirar a acciones similares en nuevos establecimientos, ya sea de la Red de Escuelas Libres o no”.

En función de eso generar actividades para ir provocando acciones, guiando opciones y reflexiones que los hagan ser consciente de lo que aprendieron. En el nuevo rol del docente ya no pesa ser la persona que todo lo sabe. El valor -más que en el conocimiento- está en cómo se pone en juego ese conocimiento. Y es esa la mediación clave: ayudar al estudiante a que se apropie del conocimiento y lo pueda aplicar en haceres concretos”, indica.

Otra característica de la profesora y el profesor de hoy tiene que ver con su capacidad de trabajar con otros, de colaborar. El oficio docente es muy juzgado, siempre estamos con temor para no recibir críticas. Ahí también tiene que haber un cambio. Hay que aprender a compartir lo que se hace, eso también requiere una comunidad que respete, sepa conversar y hacer críticas constructivas”, señala.

Hoy en día el actor que esta más expuesto es el docente. Y ahí nosotros queremos entregar un apoyo identificando prácticas y poniéndolas en contextos más formales para que sean compartidas con otros.

Finalmente, menciona el rol del sistema educativo como actor integral para conducir una transformación necesaria. “Es momento de validar la acción docente, pero también la acción de los líderes. Necesitamos como nunca que buenos y buenas líderes comuniquen y logren sostener los vínculos bien claros para la conexión. Si bien hay cosas que los docentes deben transformar, también hay cosas que los directores deben transformar, que los sostenedores deben transformar y que el Ministerio, como forma de apoyo, también debe hacer de forma distinta. Así se hará una transformación de la educción real, consistente y sustentable en el tiempo”.

Ideas que inspiran procesos

Entre las experiencias agrupadas en el banco de buenas prácticas docentes destacan un Ciclo de aprendizaje para la educación a distancia, agrupaciones flexibles para atender la nueva diversidad, aprendizaje centrado en problemas mediante reunión con expertos, la radio rural para sostener vínculos y aprendizajes; y la revista digital como espacio de la acción escolar.

“Estamos convencidos que en el hacer de las y los docentes en Chile tenemos un tesoro que encontrar y descubrir. Porque la cantidad de presiones que tuvieron el año pasado implicó también una cantidad de respuestas increíbles».

“Tenemos una buena práctica en Chonchi, Región de Los Lagos, que apoya al desarrollo socioemocional de los estudiantes”, registra Andrea Osorio. “Lo hicieron con un registro de seguimiento psicosocial para que pudiera acompañar integralmente el proceso con los chicos. Se realizó un ciclo de talleres con psicólogos para tratar las emociones y la confianza en los docentes, para que trabajaran esto con los estudiantes. Y los efectos que esto fue consiguiendo fue una información semanal sobre necesidades emocionales y pedagógicas. Normalmente nosotros separamos estas cosas y aquí se integra”.

Otro aprendizaje interesante proviene de Curanilahue, Región del Biobío. “Estudiantes de Tercero Medio desarrollaron aprendizajes centrados en problemas. Leían una noticia sobre una problemática actual, elaboraban preguntas y buscaban expertos para entrevistarlos. Esos problemas eran cotidianos y se vinculaban con elementos curriculares para poder formalizar. Lo hicieron con la Universidad de Concepción”.

Para terminar, Andrea Osorio adelanta algunos proyectos por venir. Como la apertura de espacios de formación sobre liderazgo dirigidos a directivos y docentes. También un nuevo concurso para capturar prácticas innovadoras en contexto de pandemia. “Nosotros siempre trabajamos con un formato de seminario, sumamos actores nacionales y locales para que nos cuenten como vivieron y resolvieron las situaciones. Eso genera muchísima empatía y motivación en el sistema”.

Para conocer más sobre los proyectos escolares desarrollados en pandemia por escuelas y liceos de Escuelas Líderes, entra a su portal escuelaslideres.cl y dirígete a la sección Experiencias 2020 donde encontrarás una galería con más de 40 experiencias.

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