“La escritura es un modo terapéutico. Sana y libera. Así como una persona llora o vomita, puede escribir el dolor que siente. De hecho, en el tratamiento terapéutico es común que una persona lleve un cuaderno como compañero de vida. Yo lo tengo. Escribir te permite organizar, transmitir energía, ordenar tu mente”. Jimena Benavides, sicóloga.

Escribir es un acto confesional. Conlleva una suerte de descarga emocional. Desata nudos y conduce a espacios reflexivos, emotivos y hasta espirituales. De allí que en plena crisis de pandemia nada parece mejor que desahogarse frente a una hoja en blanco. Esa es la invitación de la iniciativa 100 historias de cuarentena, una convocatoria que construirá un diario colectivo.

Desde hace dos meses la sicóloga Jimena Benavides tiene una misión peculiar. Antes trabajaba en la idea de hacer un libro, pero cuando llegó la pandemia su proyecto editorial tomó un giro. Sintió que lo necesario era crear en co-autoría un compendio de historias reales sobre lo que se vive en estos meses de aislamiento obligatorio. Invitó a su colega Daniela Díaz a unirse y nació la iniciativa 100 historias de cuarentena. La convocatoria es abierta, sin fronteras ni condiciones. Los temas van surgiendo a partir de cada experiencia individual, hay completa libertad.

La propuesta de 100 Historias de Cuarentena es que las personas cuenten un día de su vida en pandemia. Los formatos son libres, lo que vale es la reflexión intensa y personal. Pueden enviar la grabación de un audio o la foto de un texto escrito a mano. En la imagen (en orden): Jimena Benavides, Mauricio De Terán y Daniela Díaz, tres de los seis integrantes del equipo que trabaja en el proyecto.

La idea es contar cómo es un día en la vida de cada autor. Un día en la actualidad, cuando la cotidianidad es tan poco común. Un día en el que las noticias hablan de contagios y aislamiento social. En el que los centros educativos están cerrados o son online. En el que hay teletrabajo y cesantías masivas. La crisis sanitaria provocada por el Covid-19 es profunda, pero será superada con el tiempo. Sin embargo, una vez que pase no debería ser olvidada. De allí la iniciativa de hacer este libro de historias con las experiencias vividas.

Del aislamiento al papel

“Comenzamos este proyecto sin propósitos de tipo sicológico”, advierte rápidamente Jimena Benavides, quien además es coach. “No hay otro propósito que dejar un legado para las próximas generaciones. Que ellos puedan ver cómo fue (este período)”, explica. Hasta el momento han recibido 20 historias. Han escrito de diferentes lugares doce mujeres y ocho hombres con 45 años en promedio. También hay una participante de 24 años. La intención es que se amplíe el espectro y las voces sean diversas.

“Yo leo las historias en las mañanas y me dejan pensado todo el día. Hay gente que no pudo viajar, pololos que no se han podido ver, papás con niños en casa, el marido suspendido… a veces los dos padres suspendidos”.

“Hemos recibido historias que hablan desde la superficialidad de lo que ven. De la noticia, del lavado de la loza, la limpieza de la casa, el niño y las tareas, el teletrabajo. Y otras que hablan más desde la profundidad. Sobre cómo se ha despertado la conciencia, se valora el tiempo en familia, cómo se replantean prioridades. Hay matices, pero la gente habla desde estos dos polos. Desde la dificultad de lo doméstico hasta el crecimiento personal, espiritual, individual y colectivo. Lo que más observo (en los textos) es la ilusión. La gente espera que salga algo bueno”, dice.

Daniela Díaz es sicóloga y acompaña a Jimena desde que comenzó la iniciativa. Considera que el objetivo de 100 historias de cuarentena es plasmar las realidades de las personas. “¿Qué están viviendo en tiempos de cuarentena? ¿Cómo lo están viviendo? ¿Con quienes? ¿Qué están sintiendo? ¿Qué es lo que quieren? Contarlo a Chile y al mundo. Porque la invitación es internacional. Queremos que personas comunes, profesionales, que ejercen diferentes oficios, cuenten qué es lo que han hecho es un día de su cuarentena”.

“Hay gente que piensa que este año ha sido negro, que este año no debería cumplir años porque no cuenta. Pero puedes ver la otra parte, donde hay oportunidades”.

Seis historias iniciales

El equipo que está detrás de 100 historias de cuarentena está conformado por seis personas. Además de Jimena Benavides y Daniela Diaz, se han unido con el tiempo la sicóloga Francisca Soto, la educadora integral Ángela Cheng, el comunicador audiovisual Mauricio de Terán y el ilustrador Sebastián Osorio. “El equipo trabaja de una manera muy profesional. No hay exigencias de por medio”, señala Daniela.

Además de recibir los relatos por correo o a través de las redes sociales, se prevé recoger historias de personas que vivan en condiciones de calle. Con su autorización incluirán en el libro sus experiencias. En la imagen (en orden): Francisca Soto, Sebastián Osorio y Ángela Cheng, quienes se sumaron al proyecto con el tiempo.

Las tres sicólogas involucradas en la iniciativa tienen una inclinación laboral hacia el desarrollo humano. “Conocí a Daniela cuando trabajaba como líder de proyecto de desarrollo organizacional en una empresa. Desde entonces hemos cultivado el interés por el desarrollo de la psicología, el comportamiento humano y la evolución. También nos interesa lo que va a pasar, cómo impacta, cómo podemos ayudar”, recuerda Jimena.

Y continúa: “A Francisca le gusta el tema de pensar y crear proyectos. Mauricio trabajó en la televisión durante mucho tiempo, tiene un pensamiento crítico. Ángela tiene mucha disciplina, mucho amor por lo que hace. Sebastián creará las ilustraciones de algunas historias, que puedan hacer un sello de este libro. Porque hay mucha emocionalidad, mucho descubrimiento de emociones que no conocías. En el equipo nadie gana ni uno, pero le dedicamos tiempo a las redes, a los correos, a realizar invitaciones, revisar la ortografía de las cartas”.

El acto de escribir

Una de las 100 Historias de Cuarentena está escrita por la impulsadora de la iniciativa. Jimena cuenta su experiencia: “Cuando me puse a escribir mi historia no fue nada fácil. Me senté al menos diez veces. Ahora ya lo tengo casi terminado, pero lo que hice fue tratar de reconocer los estados de ánimo que voy viviendo durante el día. Me fui escuchando porque estaba consciente de que iba a escribir mi historia. Me fui observando. ¿En qué horario me agradaba trabajar más? ¿Cómo me afecta lo que veo en la televisión?  Aprendí a comer mejor. Tengo una hija de 4 años que no está asistiendo al jardín, mi marido está con teletrabajo, hay días que son complejos. Hay minutos en que estoy lavando la loza llorando. O noches en que me duermo a las 8:30 pm. Pero al final, he vivido cada minuto muy consciente y respetándome”.

Conoce más sobre la iniciativa 100 Historias de Cuarentena haz click aquí. Anímate a escribir tu propio relato, el equipo te asesorará y ofrecerá mentoría. Sé parte de las personas que comparten y crecen en estos tiempos desafiantes.

Si quieres comunicarte con nosotros escribe a: redaccion@mujerdelsur.cl

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